LA FELICIDAD.
La política liberal se basa en la idea de que los votantes saben lo que hacen, y que no hay necesidad de que “el gran hermano” nos diga lo que es bueno para nosotros. La economía liberal se basa en la idea de que el cliente siempre tiene la razón. El arte liberal se basa en que la belleza está en el ojo del observador. A los estudiantes liberales se les enseña a pensar por sí mismos. Los anuncios proclaman a “simplemente, hágalo”. Las películas, el teatro, las novelas, las canciones populares, los cuentos… nos adoctrinan constantemente: “sé fiel a ti mismo”, “escúchate a ti mismo”. Como dijo Rouseau: “lo que siento que es bueno, es bueno. Lo que siento que es malo, es malo”.
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