LA CONTEMPLACIÓN

LA CONTEMPLACIÓN ES UN MODO DE ENTRENARTE EN LA ATENCIÓN Y EN LA CONCIENCIA.

La atención pura es relajada, abierta, lúcida, momento a momento, una conciencia siempre presente. Es como un espejo siempre brillante; no es reactiva, no es distorsionante, ni aversiva; es un atención que no arrastra nada ni depende de nada. Por fortuna, el cuidado de la atención es una habilidad que puede aprenderse como cualquier otra.

La contemplación es el método que utilizamos para la práctica de la atención. La contemplación resulta única en su habilidad para despertarnos; abre lo que está cerrado, constreñido y fijado en nosotros. La contemplación explora, investiga, desvela e ilumina lo que está escondido dentro y en torno a nosotros. Esta experiencia introspectiva y contemplativa nos ayuda a despertar de nuestros sueños e ilusiones yendo más allá de nuestra visión subjetiva del mundo para llegar a la realidad actual. A través de la contemplación podemos establecer directamente un compromiso más íntimo e inmediato con nuestras experiencias, de una forma que refleja simplicidad y una vinculación más auténtica y profunda con la vida. No se trata solamente de estar más conscientemente vivos. Es el mismo estar. Hay que mantenerse plenamente conscientes, totalmente despiertos en todo lo que hacemos. Es el ver claramente. No hay que vivir ni en el pasado ni en el futuro, hay que mantenerse conscientes y despiertos en el presente y la verdad de lo que es. Y esto es lo que cultivamos cuando contemplamos: la conciencia de lo que es. Esto nos lleva directamente a la verdad y a la realidad, las cosas tal como son. Debemos estar conscientes de nuestro cuerpo; conscientes de nuestros sentimientos y emociones; conscientes de nuestros pensamientos, y conscientes de los acontecimientos, tal y como ocurren, momento a momento. Una manera sencilla de empezar el entrenamiento de la atención y la presencia de la conciencia es: Cuando haces una profunda inhalación, te dices: “Estoy haciendo una inhalación profunda”; Cuando haces una profunda exhalación, te dices: “Estoy haciendo una exhalación profunda”…

La contemplación es una vía directa y sencilla de regresar al “ahora”. A medida que empezamos a estar atentos, viviendo en el “ahora” y dirigiendo nuestra atención a la más mínima fracción del instante presente, algo extraordinario tiene lugar. Empezamos a liberarnos de nuestra fascinación por el pasado y por el futuro. Paramos nuestras fantasías, nuestros miedos y anticipaciones del futuro y empezamos a liberarnos de esas preocupaciones angustiosas que se refieren a lo que fue, o lo que pudo haber sido. A medida que aprendemos a soltarlas, comprobamos que la energía retorna a nosotros. Toda aquella energía que se gastó y perdió en fantasías, amarguras y sufrimientos vuelve a ser nuestra. Retornamos a nuestro estado natural de pura inmediatez. Ésta constituye el auténtico ser. El gozo del ahora. Algunos de nosotros nos pasamos la vida atados a lo que ya fue o a lo que será. Dado que no estamos acostumbrados a fijar la atención en el momento presente, es necesario que nos ejercitemos en permanecer en este instante preciso. Cuanto más plenamente desarrollemos el poder de la atención, más conscientes nos volveremos, de una forma completa y lúcida, de las actividades que realiza nuestro cuerpo, tales como la respiración o el hecho de caminar. Al caminar por ejemplo, acostumbrémonos a dar un paso y después otro, de forma totalmente consciente. Poco a poco, iremos descomponiendo cada paso en movimientos mínimos, elevar el pie, hacerlo avanzar y posarlo de nuevo en el suelo… aprendemos a ser conscientes paso a paso, utilizamos nuestros recursos propios (la respiración, las sensaciones corporales, los pensamientos, los sentimientos…) como objetos de contemplación. De esta forma, somos capaces de acceder a nuestro objeto o método de contemplación siempre que lo necesitamos, en cualquier circunstancia, lugar u hora del día. La concienciación significa atención y un estar presente de forma plena, se expresa de muy diferentes maneras, proporcionándonos una mayor satisfacción, una visión más amplia y una mejor capacitación y eficacia en todo lo que hacemos.

Con la práctica de la atención nos hacemos conscientes de nuestros sentimientos tal y como surgen en el momento; los experimentamos sin tener que suprimirlos ni negarlos. De este modo, tenemos el espacio y la perspectiva necesarios para escoger la mejor forma de tratarlos. La contemplación nos permite mantenernos en mayor contacto con nuestros sentimientos, sin sentirnos dirigidos o controlados por ellos. Nos ayuda a vigilar la mente, sin apegos, más allá de los lazos del deseo y la aversión. Es un remedio natural para la frustración y la ansiedad que son inherentes a las vidas fragmentadas y divididas que llevamos. La tensión, el miedo y el estrés no proceden de fuera. Son condiciones internas que producimos nosotros mismos. Hay que tratar de soltarlas aunque sea por un momento.

Esta entrada fue publicada en HUMANIDADES. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario