¿QUÉ ES EL YOGA?.
“El yoga no es algo que hacemos sino algo que somos”.
“YO” en mayúsculas, se refiere a la realidad espiritual suprema, en sánscrito se expresa “brahman”, “àtman” o “purusha”. Dicha realidad equivale a la “conciencia”o “entidad verdadera” tanto en el plano individual (àtman, purusha) como universal (brahman). En español lo conocemos como “sí-mismo”, “ser”, “espíritu”, “alma”… Por lo tanto entendemos “YO” como la realidad interior más profunda, nuestra verdadera esencia, cuya naturaleza es la conciencia pura y que compartimos con los demás seres y con el conjunto del cosmos.
“yo” en minúsculas, se refiere a la entidad psicológica individual, el “ego”. Es decir, nuestros prejuicios, creencias, símbolos… con los que solemos identificarnos equivocadamente. Muchas veces confundimos al que cumple una norma porque la considera justa en ése momento, con que por ejemplo somos dicha norma. O sea, como que sin esa norma no somos, nos cuesta vivir sin identificarnos con ella, si no estamos bajo la norma “no soy”, o ¿quién soy?, si no me rijo por la norma.
El yoga es un parte integrante de la tradición más amplia del “Veda” que se centra en el conocimiento de nosotros mismos. Una vez que conocemos nuestra verdadera naturaleza, nos volvemos capaces de experimentar la felicidad. La mirada del yogui abre la puerta del inconsciente, además de compleja, tiene la capacidad de reconciliar las “polaridades” paradójicas de nuestras cogniciones ordinarias (creencias, prejuicios, normas, etc.). El yoga es la unión del “YO” con el “yo”, es decir, el “YO” trascendente con el “yo” individual. Es el camino a la autotransformación para alcanzar la liberación espiritual, en español, “advertir”, “darse cuenta”.
“El yoga es una visión del mundo perfectamente estructurada e integrada cuyo objetivo es la transformación del ser humano desde su forma real y poco refinada a una forma perfecta…
Se puede decir que el yoga aspira a la libertad respecto a la naturaleza, incluida la naturaleza humana; enfocada hacia la trascendencia de la humanidad y del cosmos, hacia el ser puro”.
Ravi Ravindra.
Con esta cita de Ravi en la que define el yoga de forma concisa y escueta, al menos a mí, ya me motiva a indagar con mayor profundidad. Que el yoga es una visión del mundo, me indica que es una filosofía de vida, por lo que investigo la filosofía hindú y la occidental… pero antes de adentrarme en ello, profundizo un poco más en la definición de yoga, el yoga por tanto es un arte, una ciencia y una sabiduría para la experimentación del bienestar físico, mental, intelectual y espiritual.
El yoga habla de alcanzar algo en lo más profundo de nosotros mismos: “EL VERDADERO YO”. Los estudiosos de la India utilizan para ello un camino en términos de espiritualidad, ésto implica que nuestro verdadero “YO” existe en un plano inmaterial. ¿pero ésto que significa? Como he dicho, para el hindú el yoga es un camino espiritual, es difícil pensar algún problema o una solución metafísica (¿qué es la realidad?) que no haya sido ya pensado por los sabios de la India antigua. El sentido espiritual que le dan no es el de DIOS creador, tal y como lo desarrollan las religiones teístas como el judaísmo, el islam o el cristianismo… lo viven en el sentido de trascender la existencia misma, que en las escuelas no-dualistas denominan el “absoluto” o “brahman”. Es decir, trascender la naturaleza esencial humana, lo que denominan el “YO” trascendente que subyace a la personalidad humana. Así cuando desaparece el condicionamiento inconsciente por el que nos experimentamos a nosotros mismos como egos independientes y aislados, descubrimos que en el corazón de nuestro ser todos somos el mismo “UNO”. Y esta realidad única se considera el destino supremo de la evolución humana.
Trascender el “yo”, esta vez lo pongo en minúsculas porque se refiere al ego, no es otra cosa que tomar conciencia de los condicionantes que identificamos con nuestro ego, provenientes de la sociedad en la que vivimos que nos condiciona/construye por su cultura, las normas y leyes de sus instituciones, el juicio del otro, el juicio propio, el de nuestros padres, hermanos, profesores, jefes, amigos… en definitiva, la influencia de todo nuestro entorno. Querer trascender el yo, es querer liberarnos del otro y de nosotros mismos, de “sus” y “nuestros” juicios y prejuicios. Para la espiritualidad India existe un impulso hacia dicha trascendencia y éste es intrínseco a la vida humana. Se manifiesta éste impulso también en la ciencia, la tecnología, la filosofía, la teología y el arte, todas estas disciplinas y otras muchas en el fondo también buscan como trascender el yo. El yoga es sólo otro camino más.
Para Ken Wilber en su “proyecto àtman” defiende la idea de que el impulso hacia la trascendencia es una fuerza primaria y omnipresente del ser humano, aunque casi siempre oculta en nuestras vidas cotidianas. Todos los impulsos sirven a este impulso (deseo…). La ciencia en su búsqueda del conocimiento y del sentido, solo está usurpando la posición que anteriormente ocupaban la religión y la teología. Se manifiesta no solo en la búsqueda religiosa y espiritual del hombre, sino también en las aspiraciones de la ciencia, la tecnología, la filosofía, la teología y el arte. Hoy en día, las raíces metafísicas de la ciencia han quedado al descubierto, en particular gracias a la física cuántica, que socava la ideología materialista, físicos como David Bohm y Fred Alan Wolf, han formulado interpretaciones de la realidad de acuerdo con la física cuántica que convergen en muchos aspectos con ideas orientales tradicionales acerca de la estructura del mundo: el universo es un único e inimaginable mar de energía (espuma cuántica), en la que formas diferenciadas (cosas) aparecen y desaparecen, posiblemente durante toda la eternidad. John Lilly describió la ciencia como una simulación de dios, quiere decir que, nosotros, los humanos, intentamos describir y comprendernos a nosotros mismos y el mundo que aparentemente nos rodea creando modelos de realidad y programas mediante los cuales podemos manejarnos en nuestros mundos conceptualizados y simulados. Sin embargo, al mismo tiempo algo nos empuja a ir más allá de nuestros modelos y programaciones, más allá de nuestra mente. Aunque ciertas concepciones y enfoques de la libertad espiritual son claramente anticuados, la libertad misma y su búsqueda son tan importantes hoy en día como antiguamente. El deseo de ser libre es una inquietud y un impulso eterno. Deseamos la libertad, o la felicidad perpetua, pero raras veces reconocemos este deseo profundamente arraigado en nosotros. Permanece al nivel de un programa inconsciente, motivándonos de forma clandestina en todos nuestros quehaceres (la ciencia, la tecnología, el fervor religioso, el deporte, la sexualidad… por desgracia también la adicción a las drogas, alcohol…) Buscamos llenarnos, completarnos o ser felices mediante todas estas actividades. Evidentemente, descubrimos con frustración que cualquier felicidad o libertad obtenida es efímera, cosa que tomamos como un incentivo para continuar nuestra búsqueda ritual de plenitud, persiguiendo cada vez más y nuevos estímulos.
Lo que buscamos no está fuera, no es lo material, lo que buscamos ya lo tenemos, mejor dicho “SOMOS”. El camino del yoga es el camino del autoconocimiento y así poder trascender el “yo”. El yoga funciona con una teoría del conocimiento (espistemología) y una teoría del ser (ontología), es más intuitivo-exhortativo que analítico-descriptivo. Desde luego, que cada enfoque tiene su campo de aplicación y utilidad, y ambos pueden beneficiarse mutuamente. El paradigma occidental es el dualismo materialista newtoniano, que afirma que hay sujetos reales (observadores) que se confrontan con objetos reales que están “ahí fuera”. Como podéis ver, el yoga no son solo unos “asanas”, que aunque preparan el cuerpo para el control de la mente, también es una filosofía de vida que nos conduce a la libertad, la compasión y la armonía.
FILOSOFÍA Y YOGA:
Todos somos filósofos en el momento en que nos preguntamos ¿quién soy?, ¿qué hago aquí?… caminar por la vida es una forma de filosofía. La filosofía es el estudio de problemas esenciales, abstractos y muy generales. Tales problemas se refieren a la naturaleza de la existencia, del conocimiento, de la moralidad, de la razón y de los fines humanos.
“La religión del futuro será una religión cósmica. Deberá trascender al Dios personal y evitar el dogma y la teología. Tendrá que abarcar tanto lo natural como lo espiritual, y deberá estar basada en un sentido religioso que surja a partir de la experiencia de todas las cosas, naturales y espirituales, como una unidad significativa. El budismo responde a esta descripción.
… si existe alguna religión que pueda satisfacer las necesidades científicas modernas, ésa es el budismo”.
Albert Einstein
La civilización India ha creado una gran variedad de creencias, prácticas y enfoques espirituales. Todas ellas van dirigidas a una dimensión de la realidad a la que se ha denominado con diferentes nombres como Dios, Ser supremo, el Absoluto, el “YO” trascendente, el Espíritu, el Incondicionado y el Eterno. Pensadores, místicos, sabios y no solo de la India, nos han proporcionado símbolos y explicaciones de la Realidad última y su relación con el universo manifiesto. Todos ellos coinciden en que Dios, o el “Yo”, trasciende tanto el lenguaje como la mente. La Realidad única se encuentra más allá del dolor o del placer y de cualquier estado que dependa del cerebro (ya que estos sí son estados del sistema nervioso), por ello nos insisten los místicos en que su Conocimiento de la Identidad trascendente no es una experiencia, en el sentido habitual del término. Ellos simplemente son esa realidad.
En el hinduismo, la distinción entre filosofía y religión no está tan marcada como en nuestra civilización occidental contemporánea. El sánscrito no tiene equivalentes directos ni para el término filosofía ni para religión. El sinónimo más cercano de filosofía es “ciencia del análisis”. La “disciplina del razonamiento” se aplica solo generalmente a la escuela de pensamiento del Nyàya, la cual se ocupa de la lógica y la dialéctica. Los pandits modernos utilizan la “disciplina del conocimiento de la realidad” para expresar lo que nosotros queremos decir con “investigación filosófica”.
El concepto de “religión” está contenido en el término sánscrito dharma, que significa “ley” o “norma”(con muchas otras connotaciones). La religión hindú se denomina sanàtana-dharma “ley eterna”, que corresponde a la idea occidental de “filosofía perenne”. Para el hindú, la filosofía no es una cuestión de conocimiento puramente abstracto, sino una metafísica con implicaciones morales. En otras palabras, cualesquiera que sean las propias conclusiones teoréticas acerca de la realidad, hay que aplicarlas a la vida cotidiana. Por tanto la filosofía se considera siempre un modo de vida y jamás se practica como un mero ejercicio de pensamiento racional sin consecuencias. Aún más la filosofía hindú tiene una motivación espiritual. Con la excepción de la escuela materialista, conocida como Lokàyata o Càrvàka, todas las escuelas filosóficas reconocen la existencia de una realidad trascendente y concuerdan en que el bienestar espiritual de una persona depende de cómo se relaciona con esa realidad. Por tanto, la filosofía hindú está más cerca del espíritu de la filosofía (amor a la sabiduría) griega antigua que de la disciplina académica contemporánea del análisis conceptual, que recibe el nombre de “filosofía”, pero que no se ocupa particularmente de una sabiduría capaz de mejorar la calidad de vida.
La filosofía hindú comprende las mismas áreas de investigación racional que preocuparon también a los filósofos de occidente desde la época de Sócrates, Platón y Aristóteles, a saber: la ontología (que trata sobre las categorías de la existencia), la epistemología (que se ocupa de los procesos del conocimiento por medio de los cuales llegamos a saber qué existe “en realidad”) la lógica (que define las reglas del conocimiento racional), la ética (que examina de forma crítica la base filosófica de la acción) y la estética (que busca comprender la belleza). Sin embargo, como también es cierto para la filosofía cristiana, la filosofía hindú se preocupa mucho por el destino espiritual último de la humanidad. De ahí que a menudo se describa a sí misma como àtma-vidyà “ciencia del Yo” o àdhyàtmika-vidyà “ciencia espiritual.
Las seis escuelas principales reconocidas por la ortodoxia hindú como representativas de los puntos de vista válidos en el contexto de la revelación védica (en el antiguo rig-veda) son las siguientes:
- Pùrva-mîmânsâ, que propone una filosofía del ritual del sacrificio. Expone el arte y la ciencia de la acción moral de acuerdo con el ritualismo védico. Su núcleo es el concepto del dharma o virtud, en la medida en que este afecta al destino religioso o espiritual del individuo.
- Uttara-mîmânsâ o Vedânta, es la metafísica no dualista expuesta especialmente en las Upanishads. Escrituras esotéricas gnósticas (no es un conocimiento intelectual, sino la intuición liberadora de la realidad trascendente) redactadas por sabios, representan una reinterpretación metafórica del antiguo patrimonio védico (proclamaban la interiorización de los rituales arcaicos en la forma de meditación). El vedanta es metafísica por excelencia. Todas sus diversas subescuelas enseñan de alguna u otra forma de no dualismo, según el cual la realidad es un todo único y homogéneo.
- Sàmkhya, cuya contribución principal concierne las categorías de la existencia o Tattvas. Se ocupa en primer lugar de enumerar y describir las categorías principales de la existencia. Lo que en filosofía occidental denominamos ontología, “la ciencia del ser”. Utilizan el discernimiento y la renuncia como medios principales de salvación, en cambio en el yoga es a través de la práctica combinada de la meditación y la renuncia. Por lo que podemos describirlo como el aspecto teórico de la práctica del yoga.
- Vaisheshika, que, como la escuela del Sàmkhya, supone un intento de aprehender las categorías de la existencia, aunque desde un ángulo distinto.
- Nyàya, que es principalmente una teoría de la lógica y la argumentación. Formula normas válidas para la lógica y el arte de la retórica. Para vivir adecuadamente y perseguir objetivos con sentido debemos primero determinar en qué consiste el conocimiento correcto.
- Yoga, que aquí se refiere en particular a la escuela de Patañjali, autor de los Yoga-sùtras.
Las primeras especulaciones o intuiciones se encuentran en el antiguo Rig-veda, aunque los sistemas maduros y autocríticos parecen ser producto de un tiempo posterior al surgimiento del budismo en el S VI a.c. Tradicionalmente se distinguen seis sistemas filosóficos, que se conocen como “puntos de vista” o “visiones”. Esta expresión apunta a dos aspectos importantes de la filosofía hindú: cada sistema no es solo el producto del pensamiento racional, sino también de procesos visionarios e intuitivos, y cada sistema representa una perspectiva particular desde la cual se ve la misma verdad, lo cual sugiere una postura de tolerancia entre ellos, al menos en la teoría, Y esta verdad idéntica es aquello que se ha trasmitido oralmente (por medio de la iniciación esotérica) como realidad suprema o trascendente, ya se llame Dios (îsh, îsha...), Yo (àtman, purusha) o Absoluto (brahman).
En resumen, los asanas, la respiración, la meditación… en definitiva el yoga nos ayuda a aquietar la mente para facilitarnos el estado necesario para transitar nuestro propio camino en la vida con una filosofía y espiritualidad desde una perspectiva más holística, es decir, siendo conscientes de nuestro cuerpo, nuestros pensamientos, nuestra forma de vivir, de vivirnos; con nosotros mismos y en relación con el otro.
Ramón Peruga.