Soy un ciudadano del mundo que colabora con otros movimientos sociales que, a escala mundial y local, luchan por hacer posible otro mundo centrado en la emancipación social, la defensa de la igualdad de género, de la diversidad cultural y de la respetuosa convivencia con la naturaleza.
SÉNECA, Sobre la brevedad de la vida.
La mayoría de los mortales, Paulino, se queja de la maldad de la naturaleza, porque nacemos para poco tiempo, porque discurre velozmente, con tal rapidez ese espacio que se nos concede que, si exceptuamos a unos cuantos, la vida abandona a los demás en pleno disfrute de la vida. Esta sensación ha provocado también las quejas de hombres ilustres, de ahí la exclamación del más destacado de los médicos diciendo “la vida es breve, la ciencia larga”.
No tenemos poco tiempo, sino que perdemos mucho. La vida es lo bastante larga, y se ha concedido esta amplitud para lograr cosas muy interesantes, siempre que se invierta bien; pero cuando se escapa en medio del lujo y del abandono, cuando no se dedica a nada bueno, en la angustia de los últimos momentos percibimos que se marcha lo que no comprendí que pasaba. Así es: no recibimos una vida corta, sino que la hacemos corta, y no somos pobres de ella, sino derrochadores. Tal como las riquezas abundantes, propias de un rey cuando recaen sobre un mal dueño se disipan al momento y, en cambio, aunque modestas, aumentan con el uso entregadas a un buen guardián, así nuestra vida es muy extensa para quien la organiza bien.
¿Por qué nos quejamos de la naturaleza? Se ha portado amablemente: la vida, si sabes usarla, es larga. Ahora bien, en uno ha hecho presa la avaricia insaciable, en otro la dedicación afanosa a trabajos sin sentido; otro se empapa de vino, otro languidece en la inactividad; otro se fatiga en su ambición, siempre pendiente de los juicios ajenos, a otro la violenta pasión de comerciar lo lleva por todas las tierras, todos los mares, con la esperanza de lucro; a algunos, leí, atormenta la pasión por la milicia, siempre pendientes del peligro ajeno o angustiados por el suyo; hay gente a quien consume en una esclavitud voluntaria la entrega no correspondida, a los superiores; a muchos los retiene la ansiedad por la fortuna ajena o la insatisfacción por la propia; a la mayoría, que no van tras de nada en concreto, la frivolidad vaga, inconstante, descontenta de sí misma, los lanzó a nuevos proyectos; a algunos no les gusta lugar alguno donde dirigir sus pasos, pero aceptan el destino del hombre aburrido que bosteza, hasta el punto de que no dudo sea verdad lo que se dijo en el más grandioso de los poemas, a manera de oráculo:
Es insignificante la parte de vida que vivimos.
Con este fragmento de Séneca (extraído de una carta epistolar a su alumno Paulino) quiero interpelar a, tal y como algunos piensan, la vida es breve, a que se hagan la siguiente pregunta: ¿cómo vivo mi propia vida? Debo señalar que a lo que se refiere Séneca, a parte de indicarnos un conjunto de preceptos para que la vida sea más provechosa, aclarando que quizás no es tanto la cantidad como la calidad, es a provocarnos y estimularnos, que es precisamente la actitud filosófica que demanda este hypomnêmata que ahora tienes entre las manos (cuaderno de escritura o anotaciones que se generalizaron durante la época de Platón y cuyo significado se discute en el diálogo de Fredo).
Por lo tanto te invito a que “malgastes” parte de tu tiempo, leyendo y sobre todo reflexionando, sobre lo que a mí personalmente me está ayudando en mi camino hacia el autoconocimiento, y ese estar desde la actitud filosófica, que finalmente he plasmado en mi hypomnêmata que ahora muy gustosamente comparto contigo.
HYPOMNÊMATA, ESCRIBIR LA VIDA.
Ya en la antigüedad Platón nos habla de la hypomnêmata, en su época fue utilizada como medio para constituir una relación permanente con uno mismo, por eso podemos hablar de una conexión entre escritura y subjetividad, que llega al extremo de constituir el fin para un perfecto gobierno de uno mismo. Su uso como libros para la vida, como guía de conductas, parece haberse convertido en algo corriente entre una gran parte del público cultivado. En ellos uno podía encontrar citas, fragmentos de trabajo, ejemplos o acciones de las cuales uno había sido testigo o que había leído o escuchado en otra parte, reflexiones y razonamientos que se habían escuchado o que habían sido pensados por uno mismo. También formaban una memoria material de cosas leídas, escuchadas o pensadas, que se ofrecían como un tesoro acumulado para la relectura y futuras meditaciones. De ahí el título de este trabajo que estás leyendo.
No hay que confundirlos, no obstante, con los diarios; no representan en este sentido un “informe”, un modo de dar cuenta de uno mismo, sino un resumen de tesis susceptibles de ser utilizadas para la constitución del yo. Otra forma de escritura que facilita las “artes de uno mismo” discutidas por Foucault al tratar del problema de una estética de la existencia y del gobierno de uno mismo, la encontramos en el género epistolar, sobre todo, se hace evidente en qué medida el yo necesita dirigirse a otro si quiere parar mientes sobre si, un ejemplo de ello sería las cartas de Séneca a Lucilio. Desde este punto de vista, escribir significa mostrarse, dejarse ver, dejar aparecer el propio rostro ante el otro. Y así cabe comprender cómo la epístola es, a la vez, una mirada lanzada sobre el destinatario (gracias a la comunicación que recibe, se siente mirado) y una manera de ofrecerse a su mirada mediante lo que se le dice de sí mismo.